Cuando el calendario marca el inicio de la Cuaresma, las mesas españolas recuperan uno de sus platos más queridos: el bacalao. En primavera temprana, con los mercados todavía cargados de ese bacalao desalado que lleva horas en remojo la noche anterior, los pimientos del piquillo ofrecen el mejor recipiente posible. Su pulpa roja, suave y ligeramente ahumada abraza el relleno sin competir con él, creando una armonía de sabores que lleva décadas en los recetarios familiares. Veinte minutos separan a quien entra en la cocina del momento en que coloca la fuente en la mesa.
Esta receta propone una versión clásica pero ajustada: bechamel ligera con el propio líquido de los pimientos para potenciar el sabor, bacalao desmigado a mano para una textura irregular y agradable, y un toque de ajo sofrito que actúa como hilo conductor de todo el plato. Se trabaja el tiempo con precisión para que nada se enfríe ni se endurezca antes de llegar al plato. Si tiene la cazuela a mano y los pimientos escurridos sobre papel absorbente, ya puede ponerse el delantal.
| Preparación | 10 min |
| Cocción | 10 min |
| Raciones | 4 personas |
| Dificultad | Fácil |
| Coste | €€ |
| Temporada | Bacalao desalado, pimientos del piquillo en conserva |
Apto para: Sin gluten · Rico en proteínas
Ingredientes
Para el relleno
- 400 g de bacalao desalado [en lomos o migas, bien escurrido]
- 1 diente de ajo
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharada de harina de trigo [o maicena para versión sin gluten]
- 150 ml de leche entera
- 50 ml del líquido de los pimientos [del bote]
- Sal al gusto
- Pimienta blanca molida
- Perejil fresco picado
Para los pimientos y la salsa
- 16 pimientos del piquillo en conserva [bote de 400 g escurrido, calidad extra]
- 1 cebolla pequeña
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 100 ml de nata para cocinar [o leche evaporada]
- 50 ml del líquido restante del bote
- Sal y pimienta negra
Utensilios
- Sartén antiadherente mediana
- Cazuela baja o sauté
- Batidora de mano o procesador
- Cuchara de madera
- Papel absorbente de cocina
- Manga pastelera o bolsa de congelación con la punta cortada [opcional, para rellenar con precisión]
Preparación
1. Escurrir y desmigar el bacalao
Coloque el bacalao desalado sobre papel absorbente y presione suavemente para eliminar el exceso de humedad. Este paso es determinante: si el bacalao lleva demasiada agua al sofrito, la bechamel resultará líquida y el relleno no mantendrá la forma dentro del pimiento. Con los dedos, desmigue el bacalao en trozos irregulares de aproximadamente un centímetro. La textura heterogénea —algunos fragmentos más finos, otros más gruesos— aporta mordida y evita que el interior quede pastoso. Reserve.
2. Preparar el sofrito base
Vierta las dos cucharadas de aceite de oliva en la sartén a fuego medio. Cuando el aceite esté caliente pero sin humear, incorpore el ajo laminado fino. El objetivo es que el ajo se ablande y libere su aroma sin que llegue a dorarse, lo que amargaría el conjunto. En unos 90 segundos, a fuego moderado, el ajo presenta ese tono translúcido y ese olor redondo que indica que está listo. Añada el bacalao desmigado y salteélo durante dos minutos, removiendo con la cuchara de madera para que se impregne del aceite aromatizado.
3. Elaborar la bechamel ligera
Sin retirar el bacalao de la sartén, espolvoree la cucharada de harina directamente sobre el conjunto. Remueva de inmediato durante un minuto para que la harina se tueste ligeramente y pierda el sabor a crudo, formando lo que se denomina un roux: la mezcla de grasa y harina que servirá de base espesante. A continuación, incorpore la leche y el líquido de los pimientos de forma progresiva, sin dejar de remover. El líquido del bote, rojizo y concentrado, aporta un sabor intenso a pimiento asado que ningún otro ingrediente puede replicar. Cocine a fuego medio-bajo durante tres minutos, hasta obtener una masa compacta pero moldeable. Ajuste de sal, añada pimienta blanca y el perejil picado. Retire del fuego y deje templar dos minutos.
4. Rellenar los pimientos
Escurra los pimientos del piquillo sobre papel absorbente y reserve el líquido restante para la salsa. Con cuidado, abra cada pimiento por la parte superior con los dedos, sin rasgarlos. Son frágiles pero resistentes si se manipulan sin prisa. Introduzca una cucharada generosa de relleno en el interior de cada pimiento, presionando suavemente para que ocupe todo el espacio sin que el pimiento se deforme. Si prefiere mayor precisión, utilice una manga pastelera: el relleno entra de forma limpia y uniforme. Coloque los pimientos rellenos en una fuente o cazuela baja en fila, con la abertura hacia arriba.
5. Preparar la salsa de piquillo
En la misma sartén limpia, poche la cebolla picada fina en dos cucharadas de aceite durante cinco minutos a fuego suave, hasta que esté pochada: blanda, transparente, sin coloración. Incorpore el líquido restante del bote de pimientos y la nata, suba el fuego un instante y deje reducir dos minutos. Triture con la batidora de mano hasta obtener una salsa fina y de color rojo vivo. Pruebe de sal. Si la textura resulta demasiado espesa, añada un par de cucharadas de agua caliente y vuelva a triturar.
6. Calentar y servir
Vierta la salsa de piquillo sobre los pimientos rellenos en la cazuela y lleve al fuego medio durante tres o cuatro minutos, solo el tiempo necesario para que todo alcance temperatura de servicio. No interesa una cocción prolongada: el bacalao ya está cocinado y los pimientos de conserva no necesitan más calor. El momento correcto para emplatar es cuando la salsa burbujea suavemente en los bordes y los pimientos desprenden ese aroma a pimiento asado mezclado con el del bacalao. Espolvoree un poco de perejil fresco picado y lleve a la mesa de inmediato.
Mi truco de chef
El secreto de una bechamel de bacalao que no resulte seca ni grumosa está en el líquido de los pimientos: es el ingrediente que muchas recetas ignoran y que marca la diferencia. Guárdelo siempre que abra un bote de piquillo, incluso si no va a usarlo ese día. En la nevera aguanta perfectamente cuatro o cinco días y sirve para aromatizar arroces, salsas o bases de sopas. Si dispone de bacalao fresco en lugar de desalado —algo habitual en primavera, cuando el bacalao fresco aparece en las pescaderías—, saltéelo brevemente con aceite y ajo antes de desmigarlo, y reduzca la sal del conjunto a la mínima expresión.
Maridaje
El bacalao con piquillo pide un vino blanco que tenga cuerpo suficiente para acompañar la bechamel, pero la acidez necesaria para cortar la untuosidad del conjunto y refrescar el paladar entre bocado y bocado.
Un Albariño de las Rías Baixas cumple ese papel con precisión: sus notas cítricas y su salinidad natural dialogan con el bacalao de forma directa, mientras que su paso fresco limpia el paladar después de la salsa de piquillo. Como alternativa más accesible, un Verdejo de Rueda joven ofrece frescura frutal y un ligero amargor final que equilibra el dulzor del pimiento. Para quien prefiere una opción sin alcohol, un agua con gas fría o una limonada con menta funcionan sorprendentemente bien: la efervescencia hace el trabajo que la acidez del vino haría.
Historia y contexto del plato
Los pimientos del piquillo tienen denominación de origen protegida en Lodosa, Navarra, donde se cultivan, se asan al fuego de leña y se envasan de forma artesanal desde hace más de un siglo. Su forma triangular característica, su piel fina y su sabor levemente dulce con un punto picante los distinguen de cualquier otro pimiento de conserva. La tradición de rellenarlos nació como solución práctica para aprovechar la abundancia de la cosecha otoñal —que coincide con la matanza del cerdo y la pesca intensiva— convirtiendo el pimiento en contenedor de otros ingredientes que se conservaban en salazón.
El bacalao, por su parte, ha sido el pescado de la Cuaresma en toda la Península Ibérica durante siglos, cuando la Iglesia prohibía el consumo de carne durante los cuarenta días previos a la Semana Santa. La combinación de piquillo y bacalao, aunque de origen relativamente moderno en términos gastronómicos, representa esa convergencia natural entre dos ingredientes de temporada —uno en conserva de otoño, otro en desalado de invierno— que la cocina popular española ha sabido explotar con inteligencia. Hoy, en primavera temprana, con la Cuaresma en pleno apogeo, este plato vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en las mesas familiares.
Valores nutricionales (por ración, valores aproximativos)
| Nutriente | Cantidad |
|---|---|
| Calorías | ~280 kcal |
| Proteínas | ~28 g |
| Hidratos de carbono | ~12 g |
| de los cuales azúcares | ~5 g |
| Grasas | ~13 g |
| Fibra | ~2 g |
Preguntas frecuentes
¿Se puede preparar este plato con antelación?
Sí, y gana en sabor si se prepara unas horas antes. Tanto el relleno como la salsa de piquillo pueden elaborarse el día anterior y guardarse por separado en la nevera, bien cubiertos con film. El día del servicio basta con rellenar los pimientos en frío y calentarlos con la salsa durante cinco minutos a fuego medio. Si se guarda el plato ya montado, cúbralo con film y consúmalo en un máximo de 24 horas para que la textura del pimiento no se deteriore.
¿Cómo conservar las sobras?
Los pimientos rellenos sobrantes se conservan en la nevera dentro de un recipiente hermético durante dos días. Para recalentar, lo más recomendable es hacerlo en cazuela a fuego bajo, añadiendo una cucharada de agua o leche para aligerar la salsa, que tiende a espesarse con el frío. El microondas funciona, pero reseca ligeramente el relleno. No se recomienda congelar el plato ya montado: los pimientos de conserva pierden textura al descongelarse y el relleno de bechamel tiende a separarse.
¿Qué variantes o sustituciones son posibles?
El relleno admite muchas lecturas. El bacalao puede sustituirse por atún en conserva de calidad —una opción más económica y con menor tiempo de preparación— o por gambas salteadas para una versión más festiva. En primavera, cuando los espárragos verdes aparecen en los mercados, una versión vegetariana con espárragos troceados, queso de cabra y huevo cocido funciona muy bien dentro del mismo formato. Para la salsa, quien busque una textura más ligera puede sustituir la nata por caldo de pescado reducido, obteniendo un resultado menos calórico pero igualmente sabroso.
¿Es necesario desalar el bacalao en casa?
No necesariamente. El bacalao ya desalado en migas o en lomos está disponible en la mayoría de supermercados y pescaderías durante la Cuaresma, envasado al vacío. Ahorra tiempo y ofrece resultados consistentes. Si parte de bacalao en salazón, deberá dejarlo en remojo en agua fría durante 24 a 36 horas, cambiando el agua cada ocho horas aproximadamente. Los lomos gruesos necesitan más tiempo que las migas. Pruebe siempre un trocito antes de cocinarlo: debe resultar suave, sin rastro de salinidad excesiva en el centro.
¿Se puede hacer la receta sin gluten?
Sí, con un único ajuste: sustituya la cucharada de harina de trigo en el roux por la misma cantidad de maicena (fécula de maíz). El resultado es una bechamel algo más brillante y de textura ligeramente diferente, pero funciona perfectamente como ligante del relleno. Compruebe también que el bote de pimientos del piquillo no contenga aditivos con gluten —algo raro pero posible en marcas de menor calidad— leyendo el etiquetado antes de comprar.



